WTF?! EWW

Oct. 14th, 2010 05:50 pm
xaleliex: (OMG)
María, capítulo XX:
*destacado by me*

- ¡Qué mal habrás pensado de mí en estos días!
Ella leía, sin contestarme, los letreros de la cajilla.
- nada te diré, pues; pero dime qué te has supuesto.
- ¿Para qué ya?
- ¿Es decir que no me permites tampoco disculparme para contigo?
- Lo que quisiera saber es por qué has hecho eso; sin embargo, me da miedo saberlo por lo mismo que para nada he dado motivo; y siempre pensé que tendrías alguno que yo no debía saber... Mas como parece que estás contento otra vez... yo también estoy contenta.
- Yo no merezco que seas tan buena como eres conmigo.
- Quizá seré yo quien no merezco...
- He sido injusto contigo, y si lo permitieras, te pediría de rodillas que me perdonaras.
Sus ojos velados hacía rato, lucieron con toda su belleza y exclamó:
- ¡Ay! no, ¡Dios mío! Yo lo he olvidado todo... ¿oyes bien? ¡todo! Pero con una condición - añadió después de una corta pausa.
- La que quieras
- El día que yo haga o diga algo que te disguste, me lo dirás; y yo no volveré a hacerlo ni decirlo. ¿No es muy fácil?
- Y yo ¿no debo exigir de tu parte lo mismo?
- No, porque yo no puedo aconsejarte a ti, ni saber siempre si lo que pienso es lo mejor; además, tú sabes lo que yo voy a decirte, antes de que te lo diga.
- ¿estás cierta, pues, vivirás convencida de que te quiero con toda mi alma? - Le dije en voz baja y conmovida.
- Sí, sí- respondió muy quedo; y casi tocándome los labios con una de sus manos para significarme que callara, dio algunos pasos hacia el salón.

xaleliex: (Shinra =3)
Capítulo XI, Efraín le llevaba azucenas a María, pero al llegar a casa, no encuentra en su habitación las flores que María ponía cada día. Efraín se siente herido y arroja las azucenas por la ventana. Más tarde, María aparece con las azucenas en el cabello y menciona que las ha cogido de entre el rosal donde Efraín las había arrojado y él da una excusa. Esta escena ocurre en la sala, solos María y Efraín.

Después de haber vacilado mucho, le dije al fin con voz que denunciaba mi emoción: "María, eran para ti, pero no encontré las tuyas"  Ella balbucía alguna disculpa cuando tropezando en el sofá mi mano con la suya, se la retuve por un movimiento ajeno de mi voluntad. Dejó de hablar. Sus ojos me miraron asombrados y huyeron de los míos. Pasóse por la frente con angustia la mano que tenía libre, y apoyó en ella la cabeza, hundiendo el brazo desnudo en el almohadón inmediato. Haciendo al fin un esfuerzo para deshacer ese doble lazo de la materia y del alma que en tal momento nos unía, púsose en píe; y como concluyendo una reflexión empezada, me dijo tan quedo que apenas pude oírla: "entonces... yo recogeré todos los días las flores más lindas"; y desapareció.
Las almas como la de María ignoran el lenguaje mundano del amor; pero se doblegan estremeciéndose a la primer caricia de aquel a quien aman, como la adormidera de los bosques bajo el ala de los vientos.
Acababa de confesar mi amor a María; ella me había animado a confesárselo, humillándose como una esclava a recoger aquellas flores. Me repetí con deleite sus últimas palabras; su voz susurraba aún en mi oído: "entonces, yo recogeré todos los días las flores más lindas".
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