xaleliex: (Libros love <3)
- Eres una buena muchacha.
- ¿Por qué dices eso? ¿Qué hay de bueno en mí?
- Eres una buena muchacha, simplemente.
- No te burles de mí. No es justo- Dijo ella mientras se balanceaba con él en brazos como acunándolo. Y soltó una risita.- No soy buena. En absoluto. No es fácil para mí que estés aquí. Cada vez que vengo a verte quiero usar un kimono diferente, y ya no tengo qué ponerme. Éste es prestado. ¿Comprendes? ¿Comprendes por qué no soy buena en absoluto? Debes volver a Tokio.
Shimamura no contestó.
- ¿Qué encuentras de bueno en mí? - le susurró ella al oído.- la primera vez que te vi pensé que no había conocido a nadie que me desagradara tanto. No sé de una sola persona que diga la clase de cosas que me dijiste aquella vez. Te odié.
Shimamura asintió sin decir palabra.
- ¿Lo sabías? Entonces comprenderás por qué no lo mencioné antes. Cuando una mujer se atreve a decir estas cosas es que se ha aventurado tan lejos como pudo ir. No hay retorno.
- Está bien.
- ¿Qué es lo que está bien?
Ambos permanecieron callados un rato. Komako estaba sumida en sus pensamientos y Shimamura pudo sentir la intensidad que tenían por el mero contacto corporal.
- Dije que vendría y aquí estoy. ¿No dije que vendría? ¿No te lo dije?
Su pecho percutía contar el de él como si estuviera violentamente agitada.
- Estás borracha perdida.
- ¿No dije que vendría? ¿Y no vine? ¿Eh?
- Sin duda.
- No veía nada en el camino. Me duele la cabeza.
- ¿Cómo te las arreglaste para subir hasta aquí?
- No tengo la menor idea - dijo ella y volvió a dejar caer su peso sobre él [...]
Shimamura se sentía como si estuviera esperando sin apuro una indefinida revancha.
- Dije que vendría y vine -repetía ella, con fiera concentración-. Aquí estoy. He venido. Ahora tengo que irme a casa. Debo lavarme el pelo.
Rodó hasta quedar al costado de la cama y bebio a grandes tragos un vaso con agua.
- Quizá seas, en el fondo, una buena persona. ¿Pero qué te pasa ahora?
- Están espiándonos desde los árboles.
- ¿Y qué? Son tan complicados los de Tokio. Viven inmersos en tal confusión que sus sentimientos se fragmentan.
- Todo se fragmenta.
- Incluso la vida, lo sé. ¿Vamos al cementerio o no?
- Pues...
- ¿Lo ves? No querías ir realmente.
- Es que montaste tal escena...
- No he pisado en mi vida el cementerio. Ni una sola vez. A veces me siento culpable. Especialmente ahora, que también la maestra de música está enterrada allí. Pero no puedo ir de buenas a primeras. Sería falso de mi parte.
- Eres más complicada que yo, ¿sabías?
- ¿Por qué? Ya que no puedo ser absolutamente franca con los vivos, al menos lo soy cuando están muertos.
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